¡¡Chapuzas!!

Posted by el Miércoles, agosto 6th, 2008

La tarde de ayer fue divertidísima.

Recientemente me compré una casa. Antes de habitarla estoy aprovechando para adecentarla un poco, y dado que los precios de los albañiles, electricistas y fontaneros son un poco prohibitivos, yo mismo estoy haciendo lo que puedo. Lo primero que hice fue mover unas tuberías de desagüe de PVC que atravesaban el sótano que pretendo convertir en biblioteca. Me pedían mínimo 600 euros por ello, así que lo hice yo mismo, y en el intento a punto estuve de conocer a Paco de Lucía, por esas cosas que tiene la vida. Todo por algo más de 100 euros.

Eufórico por el éxito, ayer tarde decidí aislar el depósito de aguas que está en el mismo sótano. Ocupa un hueco grande en una pared y hace un ruido tremendo cada vez que mi vecino o yo hacemos uso de los grifos. Fui a la ferretería con la idea de levantar un falso muro de corcho blanco y escayola prefabricada, pero me propusieron algo mejor: un spray que contenía una espuma de no se que plástico que al secarse se endurece hasta el punto de poderse lijar, serrar y golpear como si fuera madera, aislando térmica y acústicamente. Por supuesto, me gustó más la idea que la de un simple muro, y con mis botes en ristre, después de trabajar me planté en el sótano, me quité el traje de programador serio y respetable y me quedé en vaqueros viejos y zapatillas de deporte. Mojé el depósito según las indicaciones y empecé a rociar la pared. Al principio no agarraba, pero descubrí que pegando pequeñas bolitas y apretándolas con las manos (llevaba guantes de goma), funcionaba. Todo iba bien, tenía ya casi toda la zona naranja, cuando un trozo del tamaño de un huevo frito se desprendió y cayó al suelo. Me agaché para recogerlo, y al agarrarlo, traicioneramente, el resto de la espuma saltó sobre mi cabeza, hombros y espalda. Con los las manos llenas de espuma, la primera idea que se vino a mi mente era la boda que la semana que viene va a celebrar un gran amigo ‘vas a ir calvo Daniel, me dije’.

Porque no se si se os habrá pegado alguna vez un chicle al pelo, pero el mejor remedio es la tijera. Intenté quitarme los guantes como pude, y mientras la espuma me caía ya por las mejillas, recordando que cuando se seca se puede “lijar, serrar y golpear como si fuera madera”, pensé que por fin igual iba a poder ser un superhéroe. Ya sin guantes, intenté quitarme la espuma del pelo, y logré que las manos quedaran bien pringosas.

Recordé que el prospecto decía que el producto se limpiaba con acetona, pero no tenía ni alcohol a mano. La llave de paso de agua de la vivienda estaba en el exterior, bien cerrada, porque las tuberías nuevas aun no se pueden usar. Así que sin agua, sin acetona, sin tiempo para nada, recordé que tenía un saco de arena fina ligada (estupenda para enlucir muros), y decidí intentar limpiarme igual que se limpian los platos en las acampadas. Frotando con la arena. Metí la cabeza en el saco, y me imaginé que si no funcionaba, para la posteridad mi familia tendría un busto muy realista. Me froté con arena una y otra vez, restregué el pelo contra todo, y cuando creí que los pegotes grandes los había quitado, salí corriendo en busca del coche, para darme una ducha de verdad. Al sentarme en el coche me di cuenta que mis vaqueros se habían sellado con mi cintura, pero esa es otra historia. Logré estar en un baño caliente en 30 minutos, y la verdad, sigo con pelo.

Aquello de la arena funcionó milagrosamente, aunque el pegamento de las manos no se ha ido, ni una zona irritada de la cintura que me hace ver las estrellas al girarme. Que nadie me hable de hacerse la cera, que si los hombres no sabemos lo que eso duele. Me he frotado medio cuerpo con piedra pómez y aun sigo encontrando parches de pegamento. Pero vestido, doy el pego.

En fin. Este fin de semana me dedicaré a cablear.

Texto: © Daniel Duran
Maquetación y Programación: © Nah Alone

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