Infiltración y Asesinato

Posted by el Miércoles, agosto 6th, 2008

© Nah Alone

-Señor, he sido informado de cierto movimiento en los alrededores- comentó el trajeado jefe de seguridad al grueso hombre.

Sentado en el otro extremo de la habitación, y con el rostro cubierto de sudor debido al insoportable calor, el Señor Bercalli mostraba un escaso interés.

-De que se trata.

-Al parecer unidades de cobertura militar y posiblemente personal médico. Aproximadamente una veintena de los primeros, y media docena de los segundos. Se encuentran trazando un perímetro circular en torno al hotel, de cincuenta metros de diámetro. Van perfectamente camuflados.

-¿Tienen alguna posibilidad?

-Me temo que no señor, a mi juicio lo más probable es que se trate de una barrera posicionada solo en caso de emergencia.

-Señor, un hombre con un mono azul acaba de entrar en el edificio –Respondió una voz quebrada, distorsionada por la transmisión-.

-Bien debe tratarse del técnico, se supone que tiene que quedarse en la planta baja para sus operaciones, no obstante cabe la posibilidad de que sea un asesino. Estén bien atentos, quiero que me llamen si toma el ascensor o comienza a subir por las escaleras.

-De acuerdo señor, corto la transmisión.

-¿Un hombre? ¿Cree que envían a un sólo hombre para matarme? -Arengó el gordo casi ofendido, mientras empapaba un pañuelo con el sudor de su nuca.

-En absoluto -se apresuro a decir su compañero en la habitación-, es tan sólo una medida de seguridad casi prescindible, un nimio detalle que debe ser controlado. Quizás pensaron que no le daríamos mayor importancia al hecho de ver entrar al técnico, y hayan decidido suplantarlo. No deja de ser algo descabellado, teniendo en cuenta nuestros efectivos en el edificio, pero no podemos permitirnos dejar pasar por alto esta pequeña medida rutinaria.

El hombre gordo visiblemente afectado por el calor, hacía cantidad de esfuerzos para concebir de qué manera actuarían contra su persona. Mientras los minutos transcurrían en silencio.

-¿Y si todo es un engaño, y pretenden hacernos creer que esos efectivos son secundarios y en realidad atacan? -dijo al cabo de un rato- es un calor insoportable…

-Aparte de desagradablemente ruidoso, sería un intento fallido -aseveró- y tiene razón es insoportable.

-¿Por que?, ¿Cómo lo sabe? Podrían atacar de cualquier forma imaginable… –un sentimiento de intranquilidad podría verse emerger de entre los pliegues de carne mezclado con el sudor.

-Señor, todos los parámetros defensivos reglamentarios están operativos. Además por si la ocasión se tercia tenemos a una docena de francotiradores apostados, distribuidos entre los edificios más cercanos, esperando a que alguien mueva un solo músculo en actitud sospechosa para ser abatido.

La estancia quedó ausente de ruidos nuevamente. El sonido de algo parecido a unos motores oradó el silencio ambiental de la estancia, para premiar a los ocupantes de la sala con una racha de delicioso aire fresco.

-¿Lo ve? lo del técnico era algo descabellado -dijo el jefe de seguridad con una sonrisa en la cara, pues su rostro reflejaba la absoluta convicción de todas y cada una de sus palabras.

-Gracias a Jesús, creí que iba a morirme -intervino el señor Bercalli con alivio al tiempo que daba una ultima pasada con pañuelo- supongo que tendrá razón, Flecher, nunca se equivoca. Su rostro mostraba la felicidad del triunfo, el orgullo del que no se equivoca, en ese instante Bercalli supo que tenía ante sí al hombre más engreído que habitaba sobre la tierra. -¿Cómo de seguro es este edificio, con sus medidas Flecher?

-Bueno, le confieso que la pregunta me coge un poco por sorpresa, pero pensándolo rápidamente yo calculo que es…, impenetrable -el hombre del traje hablaba con una aplomo sobrehumano.

-Vaya, eso es… ¿suficiente? Supongo -rió de manera nerviosa y medio fingida-.

-¿Sabe? para que se haga una idea, ahora mismo la única posibilidad que cabe es que sea yo quien le mate, pues nadie más podría avanzar un paso por este edificio, con intenciones similares, sin caer fulminado -comentó con total seriedad-.

-Si es verdad – comentó Bercalli divertido por la grotesca suposición -. Pero es un riesgo que tenía que correr.

-¿Sabe una cosa? Creo que no debería haber traicionado a ese funcionario del gobierno ruso.

-Supongo que tiene razón, pero bueno, hay tantas cosas que no debería haber hecho…, que más da una más.

-Imagínese que me han comprado, y bueno yo organizo todo esto, le traigo a una habitación insonorizada y…

El hombre de gruesos brazos y piernas no le dejó terminar.

-No saldría con vida de aquí.

-Si, pero quien sabe podrían tener comprado a una buena porción de los agentes, que en este mismo edificio velan por su seguridad…

Bercalli quedó sin palabras, no le gustaba el juego de su jefe de seguridad.

-Bueno, pero usted no me traicionaría por mucho que le pagasen, ¿Verdad?

-Desde luego, ni por todo el oro del mundo -y dijo esto mientras abría los botones de su chaqueta-. El sospechoso gesto del hombre hizo estremecer al orondo magnate.

-Ya está bien Flecher, no tiene ninguna gracia, ya es suficiente.

El jefe de seguridad siguió desajustando botones de su chaqueta.

-Ya no me interesa el dinero, mi propósito es mucho más elevado… -y diciendo esto agarró su arma con excesiva parsimonia, ademán delicado y fluido, casi con aire ceremonial.

-¿Que hace? -Bercalli se puso en pie visiblemente afectado.

Flecher alzó su arma con suavidad hasta apuntar al centro de los ojos, como si de un ritual se tratara.

-¡Pero, pero que significa esto! -dijo al borde de un colapso nervioso- si…si… ¡si es una broma no tiene ninguna gracia!

Era una distancia pequeña, su blanco estaba perfectamente inmóvil… Dos disparos ligeramente espaciados sonaron en la estancia. Tan sólo unos minutos después…

-Señor, el hombre de las reparaciones ha salido de edificio… ¿señor?

—————————-

La camioneta de reparaciones se detuvo a unos metros de la puerta. Un hombre rubio ataviado con un mono azul salió del interior portando una pesada caja de herramientas. Entró en el edificio.

-Perdone señorita vengo a reparar el aire acondicionado.

-Si, mire es por allí ¿ve la puerta de los servicios?, Pues la siguiente lleva directamente al piso de abajo donde se encuentran los aparatos.

-Muchas gracias.

El hombre se encaminó hacia allí, pero entró antes en los servicios. Una vez allí y después de comprobar que se encontraba solo, pensó en la puerta de entrada a los servicios, y a una mirada suya el pestillo de la puerta se cerró. Después su cuerpo sufrió una descomposición molecular, para volver a formarse instantáneamente a tan solo unos centímetros de donde se encontraba. En el proceso su ropa cayó al suelo atraída por la aceleración de la gravedad terrestre. La cogió toda y la metió en la caja de herramientas. Colocó la caja en uno de los servicios individuales, y cerró su pestillo de igual forma que hizo anteriormente con el de la puerta de entrada. Se encaminó hasta ésta, y la atravesó como si de una cortina de humo se tratase, sin provocar ni un solo imperfecto en ella. Salió y comenzó a andar, sin que aparentemente nadie pareciera ser consciente de su desnudez. Decidió encaminarse por las escaleras, pues aunque conocía el piso exacto no era prudente entrar en el ascensor, así que su cuerpo pareció dejar atrás la masa corpórea, pues comenzó a ascender por el hueco de la escalera, aunque no demasiado rápido, después de todo una reparación requiere su dedicación. Tras haber subido varias plantas, se detuvo en el pasillo. Mientras, proyectó su mente escaleras abajo para averiguar la ubicación de los instrumentos que se hallaban estropeados. Pasados unos instantes reanudó su marcha deambulando entre los hombres de seguridad, y de nuevo atravesó una puerta. La estancia era muy lujosa, y pudo comprobar que se hallaba bien insonorizada. En su interior había dos hombres que hablaban…

-Señor todos los parámetros defensivos…

El rubio acogió el comentario con una mueca burlona. Y comenzó a deambular por la habitación con cautela, para no ser descubierto. Entre tanto proyectó su mente hacia el panel de control del aire acondicionado. Sería una reparación fácil.

-Gracias a Jesús, creí que iba a…

-¿Morir?… -pensó el hombre del pelo rubio-

Se dispuso a esperar un rato para coartar el tiempo debido a las reparaciones del aire acondicionado. Consideró sus posibilidades. Podría destrozar su cerebro en un momento, haciéndolo papilla. Pero no era creíble, el forense encontraría evidencias físicas que no podría explicar. Sin embargo podría freírlo, aumentaría la tensión eléctrica de su cerebro y haría añicos las sinapsis de sus neuronas, rápido eficaz y limpio, pero planteaba el mismo problema que el método anterior. Podría ahogarlo, retener algo de dióxido de carbono en una de sus expiraciones y crear una barrera para impedir el intercambio gaseoso, sería una muerte lenta y ruidosa, pero del mismo modo nada justificaría su asfixia, y había recibido órdenes concretas, nada de federales investigando una muerte sin explicación. Se le ocurrió mientras le observaba que podría bajar sus revoluciones cardíacas si frenaba la velocidad de su sangre, con toda esa carne, todos esos vasos sanguíneos pugnando por recibir su justo caudal, no sería de extrañar que encontraran una insuficiencia cardiaca como causa del fallecimiento. Sería creíble desde el punto de vista médico, pero el FBI quizás encontraba sospechoso su repentina muerte después de su traición, podrían encontrar alguna dudosa conexión con el gobierno ruso, o inventarla, y se recrudecería la guerra fría. No convenía avivar las brasas de hogueras ya casi extintas.

-Impenetrable…

Pensó que era preferible entregar a un culpable que dejar que los sabuesos federales buscaran justificaciones absurdas, un caso sin cerrar demasiado tiempo acabaría encontrando una desagradable conclusión. Así que se le ocurrió un método adecuado. Tan sólo comenzó a dictar una serie de frases a la mente del Jefe de seguridad. Para posteriormente obligarle a cumplirlas. Poco a poco vio como el terror se apoderaba de aquel otro individuo, pensó que quizás moriría de un infarto después de todo. Todo quedaría perfectamente registrado, y después del asombro inicial quien decidiera hallar sus motivos, se encontraría con algún tipo de relación con un grupo extremo religioso, quizás islámico, lo típico. Pero de eso se encargaría más tarde, y no él personalmente…

-¿Le ha costado mucho? -le preguntó la muchacha de recepción en tono jovial-.

-No, ha sido un trabajo fácil -contestó-. Tan sólo unos minutos después salía por la puerta tal y como entró, contento de haber hecho un buen trabajo, sencillo, pero que sólo alguien como él podía realizar…

– Señor, el hombre de las reparaciones ha salido de edificio… ¿señor?…

Texto: © J.A. Tellaexte Isusi y Editorial Ludotecnia
Imagen: © Nah Alone
Maquetación y Programación: © Nah Alone

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