[Reto] Manfred von Richthofen, el “Barón el Rojo”

Posted by el Lunes, noviembre 17th, 2008

Hoy, siguiendo nuestro “Reto”, os presento el “Pasaje de la Historia” que J.A Cebrian le dedico al Barón Rojo, uno de los mejores pilotos de combate de la historia. Os dejo con el pasaje y con el material adicional que he recopilado.

La Wikipedia nos cuenta:

Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, militar y aviador alemán (Wroclaw Polonia, 2 de mayo de 1892 – † 21 de abril de 1918 (a los 25 años de edad), más conocido como el «Barón Rojo», fue un piloto alemán que consiguió derribar ochenta[1] aeroplanos enemigos durante la Primera Guerra Mundial antes de ser abatido en la mañana del 21 de abril de 1918 cerca del río Somme, en el norte de Francia.

Héroe de los alemanes y respetado por sus enemigos durante la Primera Guerra Mundial, permitía incluso escapar a sus víctimas malheridas. Su unidad fue responsable del derribo de 88 aviones británicos, del total de 151 que abatió la aviación alemana. A causa de ello recibió la Medalla al Mérito Militar.

Sus aviones, el caza Biplano Albatros y luego el triplano Fokker, le permitían una amplia capacidad de maniobras y piruetas. Sin embargo la mayoría de sus victorias en combates aéreos las consiguió en un avión tipo Albatros.

Infancia y juventud

Nació el 2 de mayo de 1892 en la ciudad de Breslau, por entonces capital de Silesia, hoy Wroclaw perteneciente a Polonia. De niño se trasladó con su familia a Schweidnitz (hoy Swidnica, Polonia). Era el mayor de tres hermanos. Miembro de la familia aristocrática terrateniente Richthofen, el padre de Manfred había llegado a ocupar un alto cargo en el regimiento de Ulanos nº12, una unidad perteneciente a la poderosa caballería prusiana. Manfred y su hermano pequeño Lothar quisieron seguir los pasos de su padre, alistándose jóvenes en el ejército imperial. Practicó caza y equitación y cuando completó su adiestramiento como cadete, se alistó en los Ulanos (caballería alemana), siendo nombrado tres años después teniente del primer regimiento.

Primera Guerra Mundial

Durante la Primera Guerra Mundial, von Richthofen pasó de la caballería (donde ganó la condecoración de la Cruz de Hierro) a la infantería, pero en esta modalidad no prosperó durante la guerra, ya que las condiciones que se vivían en las trincheras eran inhumanas y “muy aburridas”, según sus palabras. Finalmente encontró su lugar bajo el sol alistándose en la aviación, donde demostró una gran capacidad con esta arma completamente innovadora para lo que hasta entonces había sido la guerra (además la producción de aviones se incrementó desde los 300 que tenían todos los contrincantes al principio de la contienda hasta los 150.000 al final). Aunque no logró destacar en la academia de aviadores, luego, en combate demostró ser capaz. Al principio sólo se dedicó a ojear y fotografiar en el frente oriental, pero él lo que quería eran aventuras. En la Luftstreitkräfte, su encuentro con otro gran aviador, Oswald Boelcke, fue decisivo para su éxito. Boelcke lo seleccionó para el grupo de combate Jagdsstaffel o JASTA 2. Ya su primer combate fue una victoria. Sucedió sobre el cielo de Cambrai, Francia el 17 de septiembre de 1916. Durante estos primeros meses se destacó por su agudeza visual y su innato don para afrontar el peligro. Sus compañeros decían que se transformaba su personalidad cuando cogía los mandos de su avión.

Durante los siguientes 20 meses se destacaría como el mejor as de la aviación alemana durante toda la Primera Guerra Mundial. Llegaría a superar el número de victorias de Boelcke, que estaba en 40, récord hasta entonces. En su victoria 11 consiguió derribar el biplano del as británico Lanoe Hawker. En enero de 1917 recibió la Cruz Pour le Mérite.

En 1917 se le confirió el comando del JASTA 11, que luego fue conocida como el Circo Volante, por los vivaces colores que presentaban sus 14 aviones, pues se trasladaban al igual que un circo por ferrocarril adonde se los requería. Se ganó el apodo de Barón Rojo porque su avión estaba pintado de rojo como una manera de que sus rivales lo reconocieran, hábil maniobra psicológica pues sus enemigos lo temían mucho y admiraban su gran destreza guerrera. Llegó a dirigir 58 misiones con total éxito, en las cuales derribó a unos 80 aviones, algo que nadie llegó a superar en ningún bando durante el resto de la guerra. En abril sumó él solo 20 derribos. Sus hombres insinuaban que su líder tenía un comportamiento suicida. Pocos meses después recibió el encargo de dirigir la primera ala de caza de la historia aérea, la JG 1, integrada por los Jasta 4, 6, 10 y 11. Esta unidad llegó a derribar 644 aviones con sólo 56 bajas. Su hermano Lothar alcanzó 40 victorias al final de la guerra con esta unidad, Kurt Wolf, 33 victorias y Karl Allmenroder 30 derribos. Todos lograron la Cruz Pour le Mérite.

oto von Oliver Thiele (o.thiele@gmx.net) Mai 2006

El 6 de julio de 1917 recibió una bala perdida en el cráneo, que le provocó una terrible herida lesionándole el cerebro, pero él siguió volando pese a estar claramente incapacitado para soportar alturas. Incluso se comportaba como si fuera inmune a la muerte, no tomando ninguna precaución, violando las fundamentales reglas de vuelo que había escrito en su manual. Llevó vendada la cabeza durante mucho tiempo. Poco después recibió con alegría un Fokker Dr I, un triplano que también pintó de rojo y tenía gran agilidad, pero si se mantenía en rumbo fijo muchos minutos, se convertía en presa fácil.

Restos del avión de Richthofen.© Wikipedia

Su misteriosa muerte

Según las fuentes oficiales, fue el capitán canadiense Roy Brown el que consiguió matar al piloto alemán, aunque nuevas investigaciones apuntan a que fue el soldado de infantería australiano William John ” Snowy ” Evans el que disparó desde tierra la bala del .303 que acabó con su vida. La bala entró por el lado derecho del pecho y le causó heridas en los pulmones, el hígado, el corazón, la arteria aorta y la vena cava antes de salir, y según la opinión de los forenses, apenas contó con un minuto antes de perder la consciencia y un par de ellos en morir. Nada se sabe sobre el soldado Evans, aparte de que murió en 1925, y probablemente falleció sin imaginar que él podía ser el causante de la muerte del piloto más famoso de la historia. Roy Brown dejó escrito un libro sobre sus combates y detalló todo sobre el último vuelo del Barón.

Fue enterrado con todos los honores militares por los mismos británicos, quienes salieron a rendirle tributo. Su ataúd -cubierto de flores como ofrenda – fue llevado a hombros por seis miembros del escuadrón 209. En el momento del entierro, soldados australianos presentaron armas y lanzaron tres salvas en su honor. En su lápida, que se encuentra en el mismo lugar donde cayó, se puede leer en su epitafio:

«Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz.»

Photo by J.R. Williams

Tras su muerte, el mando del JASTA 11 lo asumió Wilhelm Reinhardt, y tras su muerte en un accidente aéreo en julio de 1918, lo asumió Hermann Göring, que había obtenido 22 victorias en la guerra y era uno de los ases más destacados de la aviación de caza en esos momentos.

El Barón Rojo dejó un libro escrito durante su convalecencia en 1917 por el disparo en la cabeza. Lo tituló El Piloto Rojo, donde comentaba que combatía en la aviación buscando una consecuencia para su vida.

Datos curiosos

Era costumbre entre los pilotos tener una mascota. En el caso del Barón Rojo, su acompañante era un perro dogo alemán arlequín (gran danés), llamado Moritz, si bien gran número de esas mascotas morían al seguir ciegamente a sus amos. Moritz tuvo suerte y escapó sólo con una oreja cercenada.

Como todos los pilotos de caza, el Barón Rojo también tenia su manera particular de celebrar cada victoria. En su caso, encargaba a un joyero de Berlín copas de plata de cinco centímetros de altura.

La primera llevaba grabada la inscripción “1 Vickerse 2 17.9.16”. El primer número indicaba el orden del derribo, la palabra el tipo de aeroplano, el siguiente número los tripulantes, y finalmente la fecha de la victoria. Con el tiempo, y visto que la colección de victorias aumentaba significativamente, pasó a encargar una copa el doble de grande cada decena. La serie de trofeos se interrumpió después de la victoria número 60, cuando el joyero le comunicó que no había más plata disponible y que sólo podría fabricar copas con un material de peor calidad.

Se decía, en esos tiempos, por superstición, que los pilotos que se fotografiaban antes de un vuelo sufrirían de una terrible mala suerte. La última fotografía hecha al Barón Rojo fue hecha, justamente, sólo segundos antes de que volara por última vez mientras jugaba con un perro.

Después de su derribo, el 6 de julio de 1917, su carácter pareció cambiar a peor. Se mostraba a menudo sombrío, y comentó en muchas ocasiones que “sabía” que no iba a ver el final del conflicto.

Otros ases de la Primera Guerra Mundial

  • Ernst Udet. Derribó 62 aviones. Logró la “Cruz de Hierro” y la cruz “Pour le Mérite”.
  • Max Immelmann. Consiguió la “Cruz de Hierro”. Murió en 1916.
  • Oswald Boelcke. Consiguió la cruz “Pour le Mérite”. Murió en 1916.
  • Lothar von Richthofen. Piloto alemán con 40 victorias oficiales. Condecorado con la “Cruz de Hierro” y la “Orden Pour le Mérite”.
  • Werner Voss. Piloto alemán con 48 victorias oficiales. Condecorado con la Orden “Pour le Mérite” y la “Cruz de Hierro”
  • Roland Garros. Pionero de la aviación francesa.
  • Georges Guynemer. Piloto francés con 53 victorias oficiales. Condecorado con la “Légion d’Honneur”.
  • Albert Ball. Piloto británico con 44 victorias oficiales. Condecorado con la “Victoria Cross” después de su muerte.
  • Billy Bishop. Piloto canadiense con 75 victorias oficiales. Condecorado con la “Victoria Cross”.
  • René Fonck. Piloto francés con 75 victorias oficiales. Condecorado con la Legión de honor.
  • Eddie Rickenbacker. Piloto norteamericano con 26 victorias.
  • Edward ‘Mick’ Mannock. Piloto irlandés que obtuvo 74 victorias. Murió el 26 de Julio de 1918. Condecorado con la “Victoria Cross”, “DSO & Two Bars” y la “Military Cross & Bar”.
  • Carlos Meyer Baldó. Piloto Venezolano (Maracucho), con más de 15 victorias ,”Cruz de Hierro” y el número 7 de un escuadrón de 11 liderado por Manfred von Richthofen (El Barón Rojo)”.
  • Francesco Baracca. Conde y aviador italiano que obtuvo 34 victorias (posiblemente 36) antes de fallecer el 19 de Junio de 1918 en Nervesa della Battaglia (Italia). Condecorado con la “Military Cross” por sus servicios frente los Austro-Húngaros.

Sacado de la Web http://www.theaerodrome.com la lista de todos sus derribos (esta al final)

Se ha hablado de que el Barón Rojo podría haber estado pilotando en su ultima etapa (después de su derribo y herida en la cabeza) con daño cerebral. Aquí tenéis un articulo sobre esto.

Sacado de la web www.editorialbitacora.com una crónica sobre la muerte del Barón Rojo:

En el calor de la batalla por el dominio del aire, durante la Primera Guerra Mundial, en una época en que la expectativa de vida de un piloto era de tres semanas, los jóvenes aviadores de ambos bandos se protegían con amuletos para la buena suerte y se rodeaban de supersticiones. Entre los aviadores alemanes que pilotaban máquinas voladoras hechas con lona y cuerdas, se creía en una superstición, la más importante de todas: no ser fotografiado antes de una misión. Sólo tras cumplirlas, los pilotos permitían que una cámara fotográfica registrara sus victorias.

El 21 de abril de 1918 por la mañana, el barón Manfred von Richthofen. el más mortífero de los ases que la guerra aérea haya conocido jamás, se burló de esa superstición. Se detuvo para jugar con un perrito en la puerta del hangar que albergaba su triplano Fokker, pintado de rojo brillante. Y entonces sonrió al objetivo de una cámara, sostenida par un visitante del campo de aviación.

El barón van Richthofen podía permitirse el lujo de desafiar la superstición. Después de todo, a los 25 años de edad, era el más famoso aviador del mundo. Se lo consideraba casi invencible. El día anterior había derribado su avión número ochenta. Era un héroe nacional, conocido comO El Caballero Rojo de Alemania o el Barón Rojo, a causa del «circo aéreo» que lanzaba dos veces cada día sobre los cielos de Francia y Bélgica. Allí, causaba estragos entre los aviones británicos, franceses, australianos y canadienses.

Richthofen subió a la carlinga de su Fokker a las 10.15 de esa mañana, mientras la banda militar tocaba himnos en honor de sus victorias. Despegó del campo de aviación de Cappy seguido por dos docenas de aviones, y voló hacia el pueblo de Sailly-le Sec, en el valle del Somme, donde volverían a reunirse. Más o menos al mismo tiempo, mientras Richthofen comenzaba a mover su avión por la pista de despegue, otro piloto se estaba preparando para levantar vuelo, en Bertangles, a 40 km de allí. Se llamaba Roy Brown, y era un canadiense de 24 años de edad, piloto de un Sopwith Camel del Escuadrón 209, de la recién formada RAF. Brown, aviador voluntario, nacido en Toronto, era muy distinto al extravagante Barón Rojo, con quien poco después iba a enfrentarse en combate.

Retraído y modesto, Brown se había apuntado ya la muerte de doce oficiales alemanes, y llegaría a apuntarse un número mayor, aunque rara vez se preocupara de remarcar sus victorias individuales. Recientemente, Brown había sido ascendido a capitán y recibido la condecoración Cruz de los Pilotos Distinguidos. Estaba cumpliendo dos peligrosas misiones cada día de la semana, y mantenía en forma su cuerpo cansado con constantes infusiones de leche y coñac. Brown había oído hablar mucho del barón von Richthofen, y respetaba a los pilotos de su asombroso «circo aéreo». Por su parte, van Richthofen no había escuchado hablar jamás del capitán Brown, el hombre que, a las 11.15 de esa mañana, estaba ya volando a 3.000 m por encima suyo, con uno de los 15 aviones de la RAF que combatían cerca de Sailly-le Sec.

Brown vio, debajo suyo, al poderoso circo rojo, que atacaba a dos lentos aviones de reconocimiento REB, que daban vueltas, girando y descendiendo en tirabuzones, en un intento de esquivar el ataque. Brown hizo entrar a su Camel en una abrupta picada y, en perfecto orden, siete de sus compañeros hicieron lo mismo. A lo sumo, tenían orden de arriesgar sólo ocho de los aviones que componían el asustado escuadrón. Mientras sus aviones rugían hacia el combate aéreo, a unos 1.000 m, los pilotos aliados sabían que estaban en clara inferioridad numérica con respecto a los alemanes, y que uno de los ocho aviones que se estaban uniendo en batalla sólo resultaba apto para dar un paseo.

Era el que pilotaba el alférez William May, un australiano que acababa de llegar a Francia y a quien se le había ordenado mantenerse al margen de cualquier combate aéreo hasta que hubiese adquirido una mayor experiencia. May estuvo girando alrededor del sitio donde se desarrollaba la contienda, y vio cómo los otro siete Camels atraían a los aviones alemanes para permitir que los dos asediados REB se refugiaran en un banco de nubes. Los escasos pilotos de la RAF estaban obteniendo un triunfo inesperado.

En cuestión de minutos, habían derribado cuatro aviones alemanes, uno de ellos alcanzado por los disparos del inexperto May. Pero nada más May despachó al aparato enemigo, el propio barón von Richthofen se precipitó hacia el avión del australiano para enfocarlo en la mira de sus armas. Las dos ametralladoras Spandau del Fokker rasgaron el fuselaje del avión de May. El piloto australiano sólo recibió heridas leves, pero se encontraba en un grave aprieto. Por más que lo intentaba, no podía sacudirse de su cola al Barón Rojo. Barrenó, giró, volvió a girar, pero era demasiado inexperto para superar al as alemán.

Brown advirtió lo que estaba sucediendo y abandonó el centro del combate aéreo. En ese momento, May estaba huyendo a todo gas; su avión volaba bajo y el barón estaba a sólo 25 metros detrás de él. Con la ventaja de la altura, Brown se precipitó hacia abajo, hasta que consiguió alcanzar al alemán. Su batería australiana abrió fuego sobre el avión de Richthofen, pero el barón continuó su caza con toda determinación.

Tan absorto estaba en la persecución de su presa, que el vencedor de ochenta batallas aéreas se olvidó de la primera regla que consta en el manual de aire: vigilar siempre la retaguardia. Brown estaba ya justamente sobre la cola de su avión, con la mano inmóvil sobre el gatillo de su ametralladora Vickers. El avión del Barón Rojo se puso en su mira y Brown abrió fuego: una larga ráfaga, que lanzó una precisa hilera de balas a lo largo del fuselaje del Fokker, comenzando en la cola y dispersándose en la cabina de mando. La proa del Fokker se inclinó hacia abajo y el avión planeó hacia tierra. Allí se estrelló, y siguió dando tumbos hasta detenerse cerca de las líneas británicas, en las afueras de Sally-le Sec.

Un soldado británico registró la carlinga y encontró al barón Manfred van Richthofen erguido en su asiento, muerto. Un oficial sacó una instantánea de la escena, para dejar caer copias sobre las líneas alemanas al día siguiente. Mientras tanto, en el campo de aviación de Cappy, un fotógrafo alemán estaba observando el cielo. Esperaba el regreso del «circo aéreo»; esperaba poder fotografiar ese día par segunda vez al siempre victorioso Barón Rojo.

Y para finalizar, no me resisto a incluir un reportaje en ingles (también de la web http://www.theaerodrome.com), en el que un piloto Norteamericano recuerda el dia en que el Barón Rojo fue abatido:

American Pilot Recalls Day Red Baron Was Shot Down

By ROBERT H. HULL

LAS VEGAS, Nev. (AP) — Oliver Colin LeBoutillier, believed to be the only living survivor of the World War I dogfight that killed famous German ace “Red” Baron Manfred von Richthofen, says today’s pilots are better than the daredevils of 50 years ago.
“They have to be,” says the Las Vegas businessman. “Their equipment is more sophisticated. I had 29 hours and one minute before I began flying combat in 1917 and today to get a private ticket you have to have 50 hours.
“The kids flying today have the same spirit we did. They just have better equipment,” he reflects. He helped train U.S. pilots during World War II and later flew for Hollywood films.
LeBoutillier left his hometown of East Orange, N.J. to join the Canadian flying corps in 1917 to fight in France. Today he admits to being “something more than 70,” is actively running a Las Vegas pharmaceutical distributing company, and recently collaborated on a book covering the controversy surrounding who killed the Red Baron.
Richthofen shot down 80 Allied planes before he himself was shot down April 21, 1918, over Allied territory in France.
LeBoutillier remembers the dogfight with absolute clarity, he says, because “it was the greatest fight of any war under any circumstances.”
Noting that Australian ground forces claimed credit for killing the Baron, LeBoutillier says it could also have been his fellow pilot, Capt. Roy Brown, who strafed the baron less than a minute before the Australians began firing from the ground. The Canadian RAF officially credits Brown.
“By God, I saw Brown’s tracer bullets hitting into the fuselage around the cockpit area. The baron turned his head, knew he had been fired on, and continued chasing another Canadian pilot, Lt. Wilfrid May.”
LeBoutillier said Richthofen may have lost his bearings because of the dogfight in an unusual easterly wind and because he was chasing May, a green pilot flying apart from the Allied formation.
Eleven Sopwith Camels of the Allied air forces tied into 27 German planes of Richthofen’s so-called Flying Circus on the famous day, says LeBoutillier.
“We all came back that day on both sides—except Richthofen.
“When we took off the weather was just clearing. It had been bad. Still there was some haze and fog.
“We took off and climbed to an altitude of 12,000 feet heading to the southern end of our sector. In about 30 minutes we reached this position and bumped into these aircraft and got tangled with them.
“Everybody was mixed up. I never saw so many German triplanes in my life! I got right in the middle of ‘em.
“They were all pulling in and out, circling around, but no one crashed into another. It’s one of those things of fate that happened, destiny or something, but all of us got away with it. Everyone came back except Baron von Richthofen.
“I broke off because there were so many after me and some of the other Camels. I was a couple of thousand feet above Brown and May. I noticed that Brown came in to make a pass at the red triplane. The red triplane was chasing Lt. May low, over our lines along the Somme River. I could see Brown’s tracer bullets hitting the red triplane in and around the cockpit area.
“I was above and to the left. Brown made his pass and pulled up in a climbing turn to the left. In doing so his right wing blanked out his view of the red triplane. It was about 25 to 30 seconds later that the red triplane seemed to slow down and make a shallow turn to the right and glide down.”
During the battle May, following orders, had been staying at 12,000 feet but could not resist temptation. Several times German planes in the dogfight below zoomed back up near his position. On one such occasion, May disregarded his orders and dove on a German plane. His dive took him right down into the middle of the fight and his guns had jammed. Realizing he was in real trouble he spun down lower, flattened out over the Somme River and headed for home, recalls LeBoutillier.
That was when the triplane that had been milling around in the fight spotted May’s Camel and took out after him, says LeBoutillier, chased by Brown.
He made his pass on the red triplane near the town of Vaux.
“When Richthofen’s plane passed over the 53rd Battery it made, more or less, a flat turn, wobbled a bit, then glided to the ground. From all reports, it’s a good possibility that von Richthofen was dead before his plane hit the ground.”
LeBoutillier says he dropped from 2,000 feet to around 300 feet, witnessed Richthofen’s last minute in the air, and returned to his base. It was not until hours later that he and others of his squadron knew that the pilot of the red triplane was Germany’s ace of aces, Rittmeister Cavalry Capt. Baron Manfred von Richthofen.

News Journal – Sunday, October 25, 1970

Y para finalizar, el trailer de una pelicula sobre el Barón Rojo que se ha filmado hace poco:

Archivado en Historia,Pasajes de la Historia: El Reto | 6 respuestas

6 Respuestas to “[Reto] Manfred von Richthofen, el “Barón el Rojo””

  1. Barahirel 17 Nov 2008 a las 20:18 1

    Uno de los mejores pasajes, aunque no sea de la IIGM 😛

  2. arellanoel 23 Mar 2009 a las 3:09 2

    soy un gran almirador del baron me gustaria conseguir el libro del baron rojo ” el piloto rojo ” como lo ubico ¿?¿?¿?¿?¿?¿

  3. Woodyel 15 Abr 2009 a las 8:27 3

    Buenos días Arellano
    El libro lo tienes en castellano , de la editorial almena, y lo puedes encontrar el la calle Mayor de Madrid ( tienda de efectos militares no recuerdo el número pero sí quieres lo puedo conseguir) .Tambien lo puedes encontrar el la calle Silva ( Madrid ) que es donde está la propia editorial que lo vende. su precio es alrededor de 12 euros.
    En realidad el libro es una traducción del original , ya que este es de libre disposición , pues su autor es el mismo von Richthofen.
    Tambien puedes descargarlo gratuitamente de internet pues este esta colgado gratuitamente al ser de libre disposición,solo tienes que buscar :the red air fighter.
    Sí quieres mi opinión , yo lo tengo en inglés y en castellano y por una cantida moderada puedes tenerlo en tu casa y releerlo cuantas veces quieras, se lee muy bien , es escueto sencillo , date cuenta que en su día se publico para ser leído por las juventudes de Alemania como parte de la propaganda de ensalzamiento de los héroes nacionales.
    Perdón por lo extenso de mis argumentos , pero es un tema que me apasiona y tengo muchos libros sobre él ; el héroe de mi niñez , juventud y actual madurez.
    Un saludo , y hasta siempre.

    Woody.

  4. Woodyel 17 Abr 2009 a las 12:17 4

    Hola de nuevo Arellano.
    La dirección completa de la librería almena , es la siguiente:C/ Silva,nº 5 -1ª planta , tlf. 91-559-19-96 , Madrid – 28013

    Un saludo.

    Woody.

  5. La películael 26 Abr 2011 a las 15:52 5

    Estimado Woody:

    Yo también tengo el Libro de la editorial Almena hace ya muchos años. También tengo un retrato del Barón en mi cuarto, junto a una réplica exacta de la Pour le Mérite y otra de la Cruz de Hierro.

    El Barón fúe un Hombre de Honor, algo que escribieron en su lápida sus propios enemigos, y cuando los enemigos escriben algo así, ya todo queda dicho.

    Hoy eso del Honor es algo que suena a loco, o a tío raro. Pero este es el mundo en el que vivimos actualmente y esto es lo que hay.

    Tengo la peícula antigua, pero ¿Donde puedo comprar la actual? No la he visto que la trayeran al cine en España, o es ¿que se me ha pasado a mí?

    Recibe un cordial saludo

  6. filomeno onesimo castelan tapiael 07 Jul 2012 a las 23:02 6

    Fue un valiente soldado del aire…